Es propio del humano querer darle nuestros atributos a todo lo que nos rodea. Es parte de nuestro inseguro ser comunitario el disipar nuestra huella en nuestro entorno. La tierra está colmada de surcos que no le son propios, caminos, cercos, carreteras. El agua contiene nuestros desechos, desperdicios, nuestra basura. El aire hiede a nuestras emanaciones, brilla con nuestras luces y resuena con nuestras voces y canciones. Y el éter abunda en señales de telecomunicaciones, radio e incluso posee indicios del desesperado deseo de ser parte de algo, de no estar solos en el aislante fenómeno de la vida. Imprimimos en los seres no humanos características nuestras, sentimientos, intenciones, mecanismos. Si supiésemos qué es la objetividad, ¿la adoptaríamos como perspectiva?, ¿podremos ver por fuera de nuestros ojos?, ¿podremos oír desde afuera de nuestros oídos?, ¿podremos ser fuera de nuestro ser?, ¿existe el ser sin ser?