domingo, 10 de febrero de 2019

Pensamientos Sin Título (6)


Debe ser entendido que el único propósito de cada ejemplar (ser) que integra el colectivo que se ha llamado “vida”, es el de llevar a cabo una serie de procedimientos vinculados, en mayor o menor grado, a interacciones sexuales directas o indirectas que tienen como finalidad general el propagarse para perseverar como especie.

Para sobrevivir, estos seres deben combatir, a veces, y colaborar, otras veces, con el resto de especies que conforman el contexto. Para esto es indispensable la adaptación al entorno que implica concesiones y beneficios que someten a cada individuo a lo largo de toda su vida. Cuando estas adaptaciones aportan a la sustentación del individuo, el mismo tiene más posibilidades de reproducción y, por lo tanto, disipa estas características beneficiosas a su descendencia. Los seres que no se desenvuelven correctamente en su entorno, tienen menor probabilidad de reproducción y no obtienen descendencia. Ese es el principio de “selección natural”. Por lo tanto, los individuos que están mejor equipados para responder a su entorno son los que perseveran y es así como se propagan las características que benefician a la especie en el contexto dado.

Dicho esto, puede entenderse a la evolución como un vector que transita una dimensión temporal, propulsado por el fenómeno de selección natural.

Se ha establecido que el fin de todo ser es el de la supervivencia, y a escala de especie, la expansión poblacional. En este sistema de reglas que responden a las órbitas biológicas y químicas, la naturaleza ha encontrado en la réplica genética el mecanismo a través del cual logra la multiplicación y consecuente “preservación” del genoma, que ampliando la escala temporal no es de ninguna manera “preservación” ya que el sistema funciona en base a los cambios que ayudan al individuo a desarrollar su ciclo de vida.

jueves, 12 de enero de 2017

Pensamientos Sin Título (5)

Es propio del humano querer darle nuestros atributos a todo lo que nos rodea. Es parte de nuestro inseguro ser comunitario el disipar nuestra huella en nuestro entorno. La tierra está colmada de surcos que no le son propios, caminos, cercos, carreteras. El agua contiene nuestros desechos, desperdicios, nuestra basura. El aire hiede a nuestras emanaciones, brilla con nuestras luces y resuena con nuestras voces y canciones. Y el éter abunda en señales de telecomunicaciones, radio e incluso posee indicios del desesperado deseo de ser parte de algo, de no estar solos en el aislante fenómeno de la vida. Imprimimos en los seres no humanos características nuestras, sentimientos, intenciones, mecanismos. Si supiésemos qué es la objetividad, ¿la adoptaríamos como perspectiva?, ¿podremos ver por fuera de nuestros ojos?, ¿podremos oír desde afuera de nuestros oídos?, ¿podremos ser fuera de nuestro ser?, ¿existe el ser sin ser?

domingo, 20 de noviembre de 2016

Pensamientos Sin Título (4)

La historia, o a lo que esta palabra sugiere, es la recolección de esa multiplicidad de eventos solapados, paralelos y muchas veces coincidentes, en los que cada humano actúa respondiendo a su entorno inmediato. Esta retrovisión, delicada y salvajemente incontrolable, funda las bases del inalcanzable concepto del presente, que no tiene fin, en ninguna de las dos concepciones de la palabra "fin": al no terminar nunca, y en que el motor detrás de ella es infinito, como los motivos de cada decisión de cada mente, por tanto tiende a cero. Es nulo.
El presente es la historia enmascarada, jugando a ser pasado.

viernes, 11 de noviembre de 2016

Pensamientos Sin Título (3)

El cuerpo humano. La unidad básica. El “templo del alma”. El cuerpo es la barrera entre lo que somos y lo que no somos. Nuestra manera de vivir. El planeta es nuestro hogar.

La casa (Aedes). Nuestra definición de limites inmediatos para sentirnos más seguros y resguardados. Nuestra fuente de calor y privacidad. La manifestación física del hogar.

El cielo. Nuestro “limite máximo”. La bóveda que encierra todo lo que podemos llamar hogar.

El cuerpo humano, la casa y el cielo son “nuestro hogar” en diferentes escalas. Charles Moore encapsula este concepto con la idea del edículo.
 
La palabra Aedicula es el diminutivo de la palabra Aedes, "casa" en Latín y según lo define Moore:

"[es un] centro espiritual [que] se ha marcado con cuatro postes que en general delimitaban un hogar." (Moore, Lyndon, & Allen, 1976)

Con respecto al emplazamiento, Moore dice:

"Las casas deben ser lugares especiales dentro de otros lugares, el centro del mundo para sus habitantes, cuidadosamente relacionados con un lugar mayor al que pertenecen." (Moore, Lyndon, & Allen, 1976)

Definimos al cuerpo como el hogar del alma, Aedes como hogar del cuerpo, la Tierra como el hogar de Aedes , y así continúa mas allá del cansancio. ¿Qué es esto sino una sucesión infinita de espacios dentro de otros, casas dentro de casas?



Esto es lo que propone Charles Moore con la idea de edículo.


Bibliografía
  • MOORE, C., LYNDON, D., & ALLEN, G. (1976); La Casa: Forma y Diseño; Barcelona; Gustavo Gili