La arquitectura, así como cualquier forma de expresión humana, ha sido llevada a todo tipo de manifestaciones a lo largo del tiempo. Este progreso se da por razones como cambios en los contextos culturales, temporales, sociales e ideológicos, avances tecnológicos, descubrimientos científicos y todo evento que produzca un cambio de paradigma. Estos modos de pensar pueden oscilar entre direcciones opuestas e incluso contradictorias. Por eso, cada una de estas vertientes puede tener su contrapartida. La dualidad en la que voy a enfocarme es una que trasciende temporalidad, se ve manifestada en muchos casos y llega hasta nuestros días. El carácter de esta dualidad está dado por dos maneras, fundamentalmente diferentes, de ver el mundo:
La primera es la que pretende mirar al mundo bajo la luz de la razón. Para lograr esto, es necesario reducir el entendimiento del cosmos a unas pocas ideas abstractas que funcionan para explicar todo tipo de procesos, eventualidades o problemas que transcurren a nuestro alrededor. Es la comprensión absoluta del modelo, la “teoría del todo”. Es la idea de traer la abstracción a la realidad. Para fines prácticos, llamaré “racionalismo” a esta óptica.
La segunda, al contrario, es la visión que contempla e incluso celebra las arbitrariedades e imperfecciones del mundo que nos rodea. Ve el entorno sin tener el fin de comprenderlo o la necesidad de dominarlo. Acepta el hecho de que nuestra existencia es consecuencia de hechos naturales y que lo que tenemos en frente no está allí para nosotros sino que simplemente está ahí. Procederé a llamar “realismo” a esta óptica.
Dependiendo de las implicancias y de los contextos en los que se habla, se le han dado diferentes nombres a esta dualidad: Apolónica / Dionisíaca, cuando la crítica refiere a los fundamentos históricos y mitológicos; Funcionalista / Fenomenológica, cuando se habla del tiempo del movimiento moderno en las artes. Yo emplearé la terminología Racionalista / Realista por la forma en que acuden una al raciocinio y la otra al empirísmo, respectivamente.
Para hablar de la visión racionalista es prudente citar a uno de los pensadores que hacen uso de esta perspectiva. Una de las ideas expuestas en el “Discurso del Método” de René Descartes se inclina en favor de la prefiguración:
“[…] los edificios que un solo arquitecto emprendió y terminó, suelen ser más hermosos y mejor ordenados que aquellos que muchos trataron de restaurar utilizando antiguos muros construidos para otros fines. Así, esas antiguas ciudades […] que con el tiempo llegaron a ser grandes ciudades, están de ordinario muy mal equilibradas, en comparación con esos sitios regulares que un ingeniero proyecta a su fantasía en un llano. […] las calles [de estas antiguas ciudades] resultan tortuosas y desiguales, se diría que quien así las dispuso fue más bien la fortuna que la voluntad de unos hombres dotados de razón” (Descartes; 1959)
El extracto habla de la disposición de las ciudades pero, por más cercanía que este tema tenga con la arquitectura, no es por eso que lo elegí. La idea que se expone en ese párrafo es la de que una persona, apoyada en la razón, es más capaz de construir u ordenar edificios de manera equilibrada y, por lo tanto, hermosa. Descartes continúa ejemplificando su preferencia por el pensamiento racional de otras maneras, pero la esencia de su disertación es que la idea rectora del proyecto, abstracta, inmaculada es la que debe presidir por sobre todos los demás factores que influencian la toma de decisiones en el desarrollo de un proyecto.
En arquitectura existen manifestaciones que claramente se apoyan en la eficiencia que brinda el uso del raciocinio en el acto del proyecto. Un ejemplo de esto es la casa Farnsworth, obra que Ludwig Mies van der Rohe construye en 1951. Esta casa está situada en una arboleda a orillas del Fox River en Illinois, Estados unidos, pero su constitución persigue objetivos que suponen al humano como parte de los procesos matemáticos que el arquitecto usa para darle forma a la obra. Esta casa se comporta como si estuviera construida en en un llano en la fantasía del arquitecto.
En este edificio se distingue una lógica de composición ortogonal, en la que los planos que conforman las dos losas se disponen de forma paralela para aprovechar columnas y para alinear la grilla que dibujan los solados. Los muebles y las divisiones en su interior responden a necesidades humanas básicas: Habitación, alimentación, vida social y aseo de una forma, apropiadamente cartesiana. Y los muros de vidrio dejan al descubierto toda actividad interna.
Son elementos como la grilla ortogonal, la abstracción geométrica de la cubierta y las losas y la apertura visual que proporciona la ausencia de muros perimetrales; los que aportan la idea de que es el pensamiento abstracto, iluminado por la razón, el responsable de la concepción de edificios de estas características.
La capacidad de razonar es una de las cosas que nos hace humanos. Es lo que nos separa de otros mamíferos y lo que en algunas oportunidades nos hace creer que somos diferentes e incluso superiores al resto de los animales. Pero los modelos que podemos elaborar y los pensamientos abstractos a los que puede llegar la mente humana, por más que se funden en el mundo tangible, buscan separarse de él. En el mundo terrestre abundan contradicciones, superposiciones y conflictos entre sistemas que tienden a la entropía. La aceptación de este hecho es la que da lugar a la visión opuesta que completa esta dualidad.
Ignasi de Solá-Morales fue un crítico de arquitectura que sostiene que el plano terrenal en el que habitamos es tan complejo que es imposible verlo desde una sola perspectiva.
“[…] la experiencia contemporánea, la de toda la arquitectura del S. XX, ya no puede ser leída hoy de forma lineal. Por el contrario, se nos presenta como una experiencia pluriforme, compleja, en la que es lícito seccionar en diversas direcciones recorridos no sólo de arriba a abajo, del comienzo al fin, sino también transversales, oblicuos o en diagonal. Porque, de alguna manera, esa experiencia diversa, plural de la arquitectura del S. XX, permite sólo a través de aproximaciones de este tipo destejer, deshacer la complejidad intrínseca de la propia existencia moderna.” (Ignasi de Solá-Morales; 2003)
El fragmento pone en evidencia la complejidad de la sociedad que conformamos y con esto deja claro que hay muchas verdades paralelas y superpuestas, todas válidas en su contexto de origen. Se expresa la noción de que si se quisiera comprender todo aspecto del cosmos habría que contemplarlo en su totalidad, porque este no puede ser comprendido mediante modelos.
De esta misma manera es como el arquitecto Robert Venturi encara la creación arquitectónica. En la obra que realiza para su madre en 1962, en Pennsylvania, Estados Unidos puede apreciarse que se emplean muchos de los aprendizajes y convenciones constructivas de la época pero logrando un proyecto muy complejo morfológicamente y que da lugar a múltiples niveles de lectura.
“Este edificio admite complejidades y contradicciones: es complejo y simple, abierto y cerrado, grande y pequeño; algunos de sus elementos son buenos a un nivel y malos a otro; su orden integra los elementos genéricos de la casa en general y los elementos circunstanciales de una casa en particular. Consigue la difícil unidad con un número medio de partes diversas en vez de la unidad fácil con unas pocas o muchas partes forzadas.” (Venturi; 1972)
Toda certeza que se declare de este edificio es automáticamente refutable con otra verdad igualmente verificable. La casa está inscripta en un rectángulo, pero éste esta quebrado. La disposición de los espacios internos es simétrica, pero no del todo. La escalera principal es ancha en su tramo inferior, para adaptarse a la escala de la planta baja, y se hace estrecha abruptamente; pero esto permite un nuevo uso del espacio. Los elementos aislados que conforman esta composición dependen de los que tienen alrededor para tomar sentido y escala. Es por eso que es un edificio que tiene espacios que son “buenos” y “malos” al mismo tiempo.
Hago el intento, en este breve discurso, de exponer dos modos de ver el mundo que difieren ampliamente y repercuten en la arquitectura de nuestros días. Uno toma criterios del mundo de las ideas basadas en el mundo terrenal y el otro se basa en hacer del mundo terrenal una idea llena de criterios. Ninguno de los dos es más correcto que el otro.
Bibliografía
Bibliografía
- DESCARTES, RENÉ (1959) Discurso del Método; Buenos Aires; Editorial Losada
- SOLA - MORALES, IGNASI (2003) Diferencias: Topografía de la Arquitectura Contemporánea; Barcelona; Editorial Gustavo Gili
- VENTURI, ROBERT (1978) Complejidad y Contradicción en la Arquitectura; Madrid; Editorial Gustavo Gili
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