miércoles, 5 de octubre de 2016

Reducción del Texto "La Cultura en el Mundo de la Modernidad Líquida" de Zygmunt Bauman

La cultura humana (entiéndase por cultura: producción de obras intelectuales en formas tangibles o intangibles) ha crecido, en lo que en un diagrama de organización jerárquica se llamaría, de manera horizontal. Bauman afirma que la producción cultural ya no es exclusivamente propiedad de una elite social sino que todos los sectores socio-económicos humanos se pueden dar el gusto de producir y deleitarse con obras que provienen de otras realidades económicas, intelectuales y/o geográficas. Esto demuestra progreso.
“ La economía de la modernidad líquida, orientada al consume, se basa en el excedente y el rápido envejecimiento de sus ofertas, cuyos poderes de seducción se marchitan de forma prematura. […] El suministro perpetuo de ofertas siempre nuevas es imperativo para incrementar la renovación de las mercancías, acortando los intervalos entre la adquisición y el desecho a fin de reemplazarlas por bienes “nuevos y mejores”. Y también es imperativo para evitar que los reiterados desencantos de bienes específicos lleven a desencantar por completo esa vida pintada con los colores del frenesí consumista sobre el lienzo de las redes comerciales. ” (Bauman; 2013)
Existe una clara desventaja con respecto a la diversidad de ofertas que brinda esta sobre-producción de bienes: el consumismo. Hoy en día hay muchas (quizá demasiadas) maneras de satisfacer el mismo deseo o necesidad. Y la gente perteneciente a la modernidad líquida tiende a probar la mayor cantidad de soluciones a estos problemas para descubrir cual es la mejor. Esto funcionaría bien en un entorno donde los recursos usados para saciar estos tipos de sed no fueran limitados, pero como terrestres, somos parte de un ecosistema que por más que no es completamente aislado (ej.: la Tierra recibe energía constantemente del Sol), tiene tiempos de renovación lo suficientemente largos (en relación al tiempo de vida humana promedio) como para poder considerarse cerrado.


La economía del consumo, que está basada en el principio de la escasez, nos ha llevado a un modelo de sociedad en donde lo que vale es el dinero (capacidad para conseguir), que es una herramienta para simbolizar un bien con cualidades funcionales intrínsecas, y no los bienes verdaderamente valiosos como alimentos, energía o suministros que pueden ayudar al bienestar como por ejemplo una prótesis o una silla de ruedas. Hemos inventado el dinero para agilizar a las operaciones de trueque, pero hemos olvidado que su única función era esa y entonces el dinero ha alcanzado el nivel de importancia que deberían tener las cosas que estaba diseñado para simbolizar. Cuando se pone en evidencia este aspecto del dinero se puede notar lo insulso que en realidad es.

En resumen, la facilidad de producir y la variedad de la producción (pura) cultural humana en la era de la modernidad líquida son altamente positivas para el desarrollo de la inteligencia colectiva y para el progreso de la raza. Pero los métodos que usamos para retribuir o recompensar a estas mentes creadoras deberían estar a la altura innovadora de la producción en sí y no recurrir a antiquísimos sistemas que lo único que hacen es distraer la mirada de lo que en realidad importa.



Bibliografía
  • BAUMAN, ZYGMUNT (2013) La Cultura en el Mundo de la Modernidad Líquida; Madrid; S.L. Fondo De Cultura Economica De España

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