Un astrónomo llamado Nikolai Kardashev propuso un sistema de clasificación de las civilizaciones (planetarias) midiendo la adquisición de energía que esta haya logrado. Hay tres niveles en este sistema: I, II y III.
Nivel I: Es una civilización que ha captado la energía disponible en su planeta-hogar.
Nivel II: Es una civilización que ha captado la energía disponible en su estrella-hogar.
Nivel II: Es una civilización que ha captado la energía disponible en su estrella-hogar.
Nivel III: Es una civilización que ha captado la energía disponible en su galaxia-hogar.
(En el caso de que se lo pregunten, la civilización terrestre está en un nivel de 0,73)
Estamos familiarizados con la forma de vida que se desarrolla en nuestro planeta, pero si encontráramos una civilización con estado diferente, nos sorprenderían las condiciones en la que se encuentra, sea inferior o superior en la escala.
Nosotros somos los auto-proclamados reyes del planeta Tierra, porque dominamos a todos los organismos que habitan al planeta. Una civilización nivel II posiblemente se consideraría la autoridad máxima en su sistema solar, ya que domina el flujo energético de la(s) estrella(s) madre(s). Una civilización que haya alcanzado el nivel III sería tan antigua y tan sabia que podría ser nombrada la digna soberana de la galaxia.
¿Qué pasaría si la galaxia fuera, por casualidad, la Vía Láctea, y por lo tanto, nosotros fuéramos súbditos, siervos, esclavos, de dicha civilización, tal vez incluso sin estar enterados de ello?
Si pudiéramos mostrarle la tecnología actual a un hombre que haya vivido hace cien años, posiblemente este hombre le atribuiría tales capacidades a poderes mágicos. Y en el potencial caso de que nosotros nos topáramos con una civilización nivel III, ¿Qué diferencia habría, para nuestro acotado juicio, entre un grupo de seres tan magníficos y el concepto que tenemos de Dios?

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