miércoles, 5 de octubre de 2016

Pensamientos Sin Título (2)

Viajar, como humano preservando integridad física, a la velocidad de la luz es imposible. Pero supongamos que se pudiera.

Si el viaje tomara un trayecto perpendicular al suelo terrestre en el que empieza y durara, digamos, cien años. En el momento que el viaje termina y el viajero se detuviera y mirara con un telescopio hacia la tierra, lo que vería seria el momento infinitesimalmente posterior al comienzo del viaje, porque la luz que está llegando al ojo del espectador, viaja a la misma velocidad que este.

O sea, que más allá de que hayan pasado cien años y haya una separación de 946.052.840.000.000 kilómetros (100 años luz) entre el espectador y el planeta de origen, lo que se percibe es el momento inmediatamente posterior al despegue.

No hay comentarios:

Publicar un comentario